Miedo

Desde que tengo memoria siempre lo llevo conmigo.
Es chiquito, color negro, pegajoso, no tiene ojos ni oídos pero tiene boca y dientes, también uñas muy largas.
No sé cómo ni cuando se invitó a mi lado, pero siempre me acompaña. Quizá apareció la primera vez que me dejaron sola, sin el calor del pecho de mamá, quizá cuando empecé a pensar que en la oscuridad se escondían cosas, quizá mucho antes, o mucho después.
Cuando cubre toda mi piel me maneja como un títere. A veces va a la par mío, sentado sobre mi hombro susurrándome cosas y otras veces me lo llevo en el bolsillo, “por si acaso”. No me reconozco sin él, no recuerdo cuándo fue la ultima vez que no le presté atención, al final del día siempre vuelve, y yo lo dejo entrar “por si acaso”.
Hola Miedo ¿Cómo estas? Angustia preguntó todo el día por vos.
Me recuesto y bailan sobre mi cuerpo; dan saltos, se toman de las manos, gritan, hacen una fiesta sobre mi cuerpo ya casi pequeño, acurrucado.
Me duermo.
Despierto. Hacen el amor encima mío y Ansiedad se les une. Me quedo despierta, hacen mucho ruido; hablan de lo que tengo que hacer y todavía no terminé, de lo que no pude empezar a hacer, hablan de la cuarentena, de la falta de afecto… Doy vueltas en la cama, trato de no escucharlos.
Se hizo de día y me levanto.
Lo primero que digo en las mañanas son groserías y se ríen porque saben que las digo cuando imagino situaciones pasadas o que nunca pasaron y no sé realmente si pasarán.
Hago lo que tengo que hacer y nunca lo termino.
Las noches se repiten iguales.

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