Arde

El quizás se hizo idea,

la idea una mirada.

La mirada se hizo promesa,

la promesa una esperanza.

Será destino, será divino

una casualidad premeditada,

en un sendero nos arrimamos,

y tus marcas fueron mis marcas.

Tu vida, agua de luna,

observaba a la mía,

siempre estrella sedienta,

que sin saberse en ascuas,

deliraba avance en cada grieta.

La regla era lo seguro

rituales de bolsillo rodando en el aire,

y el resto pretensiones de corto alcance

precipitando al son de un latido vulgar.

Desde el mismo aire

una pregunta,

una sonrisa,

un deseo que se ignora,

y así, un capricho de ángel después,

el pulso monocorde de la vida

mutó en melodía novedosa,

en nuevas rimas:

el vibrar de tu imaginario

sembrando mis días

de ocurrencias y colores;

el sonar de canciones,

 fríos y misterios,

mitigando mis infiernos;

una forja de aromas,

frutas y galletitas caseras,

endulzando mis domingos suicidas;

y sobre todo el peso de tu compañía

toneladas en detalles

fundiéndose en el desgaste de cada rutina.

Condenado y carcelero,

devoto y flameante

me meso en el vaivén de este dilema 

de abrazar cuanta espina haya,

de tragar cada una de tus penas.

Hermosa tu entropía,

tu inevitable empatía y su cristal

que amaina ante el rumor de este errado mundo.

Dichoso tu cólera

tu afortunado juicio y su filo

que tambalea ante el silbido de mi frágil cataclismo.

Tu cariño da un paso

y siento, respiro:

crepita el hielo de mi temor,

fulgura el éter de mi deseo.

Pues, futuros inciertos se esfuman

como una bandada de sombras

que presienten un nuevo alba.

Sabes, tantos motivos exigen el esfuerzo,

tantas razones me alimentan,

y sería tan humano, tan cobarde

hacer un pacto con la inercia,

Resultan incontables los cometas,

solo brillan certezas donde te pienso

se asemejan infinitas a tus pecas

resplandeciendo sobre tu piel 

lo mismo una galaxia invertida,

 la constelación febril de tu cuerpo.

No me hace falta más,

la intuición se interpone al raciocinio,

cambiaría cada una de mis soledades

por besar el abismo en tu sensibilidad.

Y sobre el lomo de este vértigo,

ligeros hacia lo improbable andamos,

envueltos en el candor de este asombro,

dejamos atrás voces

espectros pasados,

junto a nuestras migajas,

nuestro rastro de candados.

La esperanza se hizo confianza,

la confianza una espera.

La espera fue necesaria,

tu amor será mi estrella

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