Bitácora

Resulta curioso como lo que uno quiere la mayoría de las veces se descubre detrás de las cosas que sabe que no quiere. Digo, las cosas que nos afligen día a día son claras, un conocimiento directo de los hechos que se nos presentan con todo el peso de sus durezas y filos, y deviene así porque el dolor en sí mismo es real. Lo que no se busca es de lo que verdaderamente se puede estar seguro. Uno sabe que clavarse un puñal en la mano no es una buena idea, va a doler, en cambio, nunca es claro qué caminos nos arrimarán o no a la mínima sensación felicidad, o siquiera al impulso ciego de que nuestros actos son los que nos realizarán en modo alguno. Hace no mucho, una compañera escribió un cuento sobre un juego inocente quizás, aunque detrás de las vicisitudes de esa trama ingenua, intui en ella que se revelaban verdades o ideas que la definen en mayor grado: el aproximamiento de la porción de ese absoluto que tanto cuesta definir. Versaba sobre el juego de las escondidas, pero como un telón que contenía a su vez la caótica transición de la niñez hacia la adolescencia, y sinceramente me pareció una linda historia. De una prosa simple y concreta, sin florituras de por medio que compliquen su ritmo. Ojala contagiarme de ese poder de síntesis bien lograda.

En ese momento, después de tantas colisiones con mis amadas frustraciones, entendí que en esas vidas artificiales, resguarda la significación de las pretensiones genuinas de nuestro carácter. El autor y su peculiar arte de narrar una historia, la mayoría de la veces, lleva a que ésta última funcione como una lupa rota enfocada sobre sus aspectos más íntimos y, quizás, desconocidas para sí mismo. Una lumbre, que emana desde las letras, haciendose paso a través de las grietas que llevan irremediablemente a nuestra identidad. Pues, recordé después de todo que nadie crea solo por crear. No la conozco realmente, ni tampoco hago el intento, pero cada día más, en personas como ella, me convenzo del poder que tiene la expresión de una historia, al menos de las sinceras. La vida puede ser eso después de todo, una escondida en la que los destinos que uno desea se esconden burlones detrás de obstáculos o destinos aparentes, a veces refugios. Por eso tan solo me voy a limitar a desmenuzarme a través de mundos que me pueda decir que me pertenezcan de alguna manera, sin que eso signifique que comprendan prolongaciones de mi totalidad como ser. Total, ya me resigne a quedarme por mucho tiempo sobre el resguardo de una certeza. Para anécdotas vivenciales están las amistades, para recuerdos la noche, para errores cada nuevo amanecer. Quizás un registro de vez en cuando de mis pasos rutinarios a modo de bitácora, para guiarme masomenos en el trayecto. Solo eso. Por ahora no necesito más que veintisiete letras para crear mis propios universos y hacerlos andar dentro de las reglas que los horizontes de mi imaginario pueda proveerles. Aunque, si me pongo quisquilloso seguro que la palabra escrita no pueda contener todos los matices de la existencia, pero por lo menos todos los  asuntos de la existencia que merecen la pena entran en la maldición deliciosa de la lengua versada. Si se quiere amor, toneladas de poesías y versos habitan los estantes fisicos y virtuales del conocimiento colectivo, si se prefiere el desamor, el doble. ¿Qué más? ¿Un escape a lo fantástico?; hecho. ¿Cuentos poblado de reflexiones profundas y metafísicas?; por suerte de esas nunca faltan. ¿Drama, sexo, terror, policiales?, sí hasta incluso debe haber personas que se atrevan a tratar todo eso en las generosas novelas que lo soportan todo.

A lo mejor, no me estoy dando cuenta y no haga más que resultar soberbio en este divague de ideas, así, como los griegos sabían advertir bien con sus historias: subiendome en el mismo tren que Ícaro y queriendo asemejarme a la virtud creadora de una gracia divina. Pero acaso los dioses no usaron la literatura para encontrarse, para crearse a ellos, y en simultáneo, todo en lo que creemos, o al menos, en lo que solíamos creer. No sé, ¿cómo hacerlo? Mi aspiraciones son tan precarias como el formato de este blog: solo trato de redescubrirme en las letras y, en el proceso, hacer la paz tanto con las verdades vencidas como las que inevitablemente aparecerán como nuevas. En alguna inspiración nocturna, de todo aquello poder hacer alguna que otra historia que valga la pena.

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