Del entorno

Lo tenes que escuchar con total tranquilidad, me dijo un amigo. Tenia razón, “The dark side of the moon” se saborea con los ojos cerrados, de otra forma es blasfemia. Maldito infeliz, ¿cuando no tiene razón sobre algo? Hoy es una noche de inquietudes, y esto hace que el cerebro se pierda en los eternos laberintos que aparentan no tener salidas. Me parece bien, hace rato que no problematizo un poco conmigo mismo. Pues si sigo pensando en análisis crudo llego a la idea inequívoca de que mucho de lo que soy ahora se debe a la gente que me rodea. Ya sé, un notición aquello: el entorno siempre moldea las actitudes y las aptitudes de una persona. Pero conmigo es peor el asunto, es más contagiosa la incidencia de esas presencias a las que suelo recurrir y consultar cotidianamente. Pasa que si alguien forma parte de mi vida, realmente forma parte de mi vida. Para bien o para mal, lo respeto con medallas y todo, y si lo respeto tiene total confianza para configurar mis decisiones, el permiso tácito de tomar partido en mis elecciones y perspectivas. Quiero decir que con la gente que aprecio y admiro no hay peros de por medio, cualquier indicación o consejo de parte de ellos siempre las tomo como un intento por querer mejorarme de alguna manera. He aquí, quizás, mi terrible talón de Aquiles. Después de todo, ¿qué es un amigo? Alguien que sabe qué decir y qué cosas hacer para aliviarnos, pero también alguien que puede generar el mayor daño posible en uno. La amistad es eso para mí, el máximo acto de fe de todos, quizás equiparable solo con una relación afectiva del tipo más personal. Pero por ahí andan, jugando a las pulseadas en la misma línea. ¿Qué me van a venir a hablar de la religión extrema o de fidelidad posesiva? No hay mayor confidencia peligrosa en aquel que sabe de dónde venís y hacia dónde vas. A veces hablo de estas cosas con el mismo amigo que recomienda cosas de Pink floyd, y hablamos de que menos mal que otros amistades en común están de nuestro lado porqué si llegase el día en que decidieran enemistarse con nosotros, estaríamos de seguro bien jodidos. Sobre todo se refería a ese filósofo trucho, que es tan dado para los asuntos de malicia y de caos. Me gusta sentirme en amistad de diablitos con corazones blandos.

Sin embargo, hay gente en la que no confío plenamente pero aún permito que me influyan de la misma manera significativa. Y no es que no confío debido a cómo son por sí mismos, sino es que todavía no se dio el tiempo necesario para entregarle por completo mis sombras y mis resplandores; y, lo que aprecio también, que ellos tampoco revelan fantasmas o pesares propios. Y es raro porqué todos los giros bruscos que di últimamente se deben a ellos. Quiero decir que fomentan con su presencia en mis días mi lado más saludable y disciplinado si se quiere. Puedo decir que gracias a ellos dejé viejos vicios que me acechaban sin tregua. Abracé el deporte y dejé por completo el tabaco, entrené con más vehemencia bruta y las piernas se me fortalecieron, hasta casi sin darme cuenta se me altero la dieta, ya no como carne ni recurro a llenar mis ansias si  no tengo hambre; las burlas de los amigos ahora sí están justificadas como el elemento problemático de los asados.

Entre ellos. está el pibe que me enseña, la persona más recta y honesta que conocí en mi puta vida. Y no solo me enseña a entrenar el cuerpo y a saber cómo usarlo en situaciones de conflicto, sino que también me inculca con enseñanzas necesarias para mejorar mi disciplina; virtud que de por sí siempre fue nula en mí. Me hizo deshacerme de los prejuicios sobre la meditación, y además me transmite, siempre que puede, técnicas para dormir, para concentrarme, para moldear la motivación propia. Tan valiosa persona y pensar que antes solo lo veia como un compañero de universidad más. Y le pongo ganas y escucho dentro de sus clases y por fuera de ellas, no es dificultad ignorar el hecho de que casi tenemos la misma edad. Aunque en alguna situación no puedo evitar equipararme con alguna escena de entrenamiento de esas peliculas de artes marciales hollywoodenses, y se me escapa una risa que no puedo explicar. Sería algo así como un sensei. aunque el término adecuado es sifu; él se conforma de que tan solo le diga Julián.

También, está una compañera con la que a veces coincidimos en clases. Ella también se encarga de la parte de estiramiento y flexión, pero todo eso es lo de menos. Es la persona más alegre y positiva que me cruce alguna vez. Pero no es alguien positiva desde la hipocresia asquerosa de ignorar el realismo de la vida, sino que ella ve todo el panorama y prefiere enfocarse en las cosas que se pueden arreglar y mejorar. Es de esas almas buenas que intentan hacer el bien en todo lo que esté a su alcance. Motivación pura. Es raro verla sin su sonrisa intensa, pero siempre sincera. Sin embargo, en algunas conversaciones algunas sombras se le escapan; sombras que intuyo conocer más de lo necesario, y que parecen sofrenarla de cuando en cuando. Entró algo después que yo, así que sería mi hermana menor; aunque solo la llamo por su nombre, Juana.

Por alguna razón, les sigo cayendo bien todavía y no me importa el nunca escuchar que me presenten como alguien de confiar, o que nunca me digan que soy un amigo; me conformo con que me consideren como un par de ellos no más. Alguien deseable al menos con quién pasar un par de horas. Puede parecer algo egoísta, pero tan solo me dejo nutrir y alimentar de lo que me pueden ofrecer las fuerzas de aquellos dos, porqué siempre son para llegar a un lugar mejor. Y con mi eterna banda de amigos, los adoro y siempre tendrán mi mano para cualquier problema, pero ellos son tan parecidos a mí que tan solo suelo llegar a los lugares de siempre- Y después, conmigo mismo… bueno, soy tan destructivo a solas, que no puedo evitar escapar de mi mismo y termino deslizándome hacia atrás, ebrio en los lugares escondidos de mi memoria.

Dentro de poco, masomenos al final del mes, se vienen un par de fechas que no sé todavía cómo afrontaré sin perderme en el intento. Por un lado está el examen de Wing-Chun, la mitad de la primera forma, asunto para el cuál ya me siento más que preparado gracias a esta gente. Y por el otro lado, se aproxima una fecha en la que no puedo hacer nada más que esperar a que pase, de aguantar el puñetazo en la cara con total impunidad. Tal vez no me corresponda sentir esta sensación pero no lo puedo evitar, todavía no puedo escapar a estar atento. Por lo menos, ya sea entre aureolas o tridentes, todo es más llevadero con las conversaciones de estas personas.

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