Cosas de elefantes

Tenia ganas de escribir muchas cosas esta semana, pero como siempre el olvido me ganó de mano y todavía no me las quiere devolver. El problema es que no sé donde deje la libretita en donde anoto todo lo que se me ocurre ¿No es frustrante cuando las ideas se pierden en la nada? De todas maneras, no creo que hayan sido genialidades pero eran cosas que quería rescatar de lo mundano. Como cuando recién te levantas y sabes que soñaste algo muy bueno y satisfactorio y aunque hagas demasiada fuerza neuronal no podes acceder más que a una sensación, un fantasma que se diluye con cada segundo de vigilia. Pero no hablemos del olvido. No quiero hablar de cosas que no entiendo. No sé de que quiero hablar en realidad. Ese es el tema supongo, todas estas semanas los resultados de escribir no fueron más que un compendio de borradores sin mucha forma. Tampoco es que tuviera mucho tiempo, estuve con los parciales y algunos trabajos. Pero en esos momentos de estudio, entre la teoría de este y la teoría de aquel, mi cerebro buscaba apaciguarse en alguna historia y empezaba a dispersarse en el aire con  cosas que quisiera contar cuando ocurriese un momento libre como este. Eran cosas buenas, o me parecían buenas, dignas. Pero no podía escribir, no podia darme el lujo de invertir un tiempo escaso en otra cosa que podría implicar un margen de nota letal. Y resulta extraño, ¿no?, cuando uno esta hasta el cuello de obligaciones y sin embargo la mínima boludes se convierte en la más ansiada maravilla: un mensaje cualquiera en en celular, una película que viste ochocientas veces, estar leyendo y de repente en algún descuido masticar un pensamiento y que este te lleve a otro y ese a otro y ese a otro y cuando volves a mirar el reloj ya pasaron un par de horas, o cualquier propuesta del mundo significa el sentido de la vida a seguir. Creo que entra en juego también la culpa, el deseo, las consecuencias; un juego tonto de infidelidades propias. En fin, todo tiene un sabor más irresistible cuando sentis que los segundos se te van de las manos. Quizás esa sea una forma de vivir, la más vertiginosa en las que se pueda resucitar las pasiones. Pero no me gusta, aunque es lindo disfrutar de algo que sabes que es momentáneo, las cosas rara vez salen bien si se las apura. Prefiero mi forma, tomarme mi tiempo cuando me doy un gusto: amordazar al reloj para que no me diga nada, y entonces hacer lo mio con una eternidad fabricada a la medida de mis placeres. No siempre, es claro. Solo cuando se puede, justo como ahora que estoy más libre de presiones si se quiere. Si bien las cosas a estudiar son disfrutables, en algún punto, también cualquier tipo de examen exige un criterio a superar, la tensión de ser evaluado y examinado. Otro problema también es el de la libertad, o la supuesta idea de esta. No sé muy bien que hacer con ella, en realidad nunca lo sé con seguridad. Ocurre cada vez que me siento superado en algo. ¿Hacia donde ir ahora? Como esas cosas que cuentan de los circos, de esas historias de elefantes que, atados a un vulgar y simple poste de madera, no se escapan. El truco es hacerle creer que su fuerza todavía sigue siendo la de un elefante menor, que aquel poste es inamovible, irrebatible. Y ahí se quedan, creyendo que sus fuerzas siguen siendo las mismas e insuficientes que las de la infancia. Siempre así, creyendo. Ese es el truco, pensar que nunca es suficiente y no intentarlo. ¿Pero que pasa cuando el poste cede? Quedarse perplejo o seguir, seria el asunto. Quieto, de seguro que no. Seria tonto a estas alturas. Pero en ese punto estoy ahora, en el que no tengo muy claro que hacer con mi fuerza: el tronco colapsó contra el piso abriéndose en nuevos limites, en nuevas posibilidades. Pánico y satisfacción, ¿es posible tal mezcla? Estuve pensando un poco, algunas ideas tengo,  pero no sé cuales merecerán el intento. Y que no se piense que es algo angustiante, es más, es un lindo problema. Por lo pronto, retomar algunas cosas pospuestas, algunos vínculos, algunos libros dejados a la mitad, ver alguna familia, mezclarme entre la gente, responder un poco más. Reanudar y volver a ser. Siento que es adecuado el momento para amigarse con las cosas que siguen resonando, a pesar de que todavía hay algunos postes que llevo a rastras en el caminar. Pero…¿quién no? Ya se me van a desatar de las patas con el caminar, o quizás alguien pise las sogas por mí. Para eso estamos los elefantes, ¿o no?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s