Pensamientos al azar

Antes no me gustaba escribir. Siempre me pareció algo relacionado al pasado, algo particular de gente intelectual. Pero de alguna manera las cosas siempre quisieron salir. Antes, cuando había algún pensamiento que inquietaba por de más, solía hacer grabaciones de esas reflexiones perdidas. Lo único que descubrí con todo eso fue que no me gusta mi voz; y tampoco me gusta agregarme en ese reduccionismo barato de dividir a la gente en dos categorías únicamente, pero creo que el mundo tranquilamente se podría dividir en aquellos que después de mandar un audio lo tienen que escuchar y aquellos que mandan un audio y se olvidan. No sé, ahí va un tema de tesis gratis para algún filósofo o algún estudioso de la comunicación. Sin embargo, ahora estoy rodeado de gente que no hace otra de escribir. No sé bien como me hace sentir eso. Es agradable la idea de no sentirse un bicho raro; no cuando uno busca no serlo agrede. Pero, no hablo solamente de los compañeros de universidad en general, que seguramente la mayoría lo hará por una cuestión de obligación o necesidad forzosa, sino en particular de mis compañeros de literatura. Parece ser que realmente les gusta o eso demuestran algunos signos sutiles en ellos. Casi siempre, suelo llegar un rato antes a clases, y ahí soy testigo de como lentamente el salón se va llenando de compañeros, y como a medida que se asientan y se acomodan, la mayoría saca su libreta personal o un cuaderno de notas personalizado con colores demás tonterías de la mochila o de algún bolso. Me gusta ese entorno, pero sin embargo me sigo sintiendo un un eslabón aparte entre ellos, un ignorante entre tanta cultura literaria. Además hablan con tanta autoridad de libros que siempre quise leer y de otros que en mi puta vida escuche hablar pero que resultan interesantes. No me aflijo, me da fuerza esa sensación de falta. Estoy aprendiendo mucho puedo decir, y lo más importante siento las ganas de hacerlo. La estoy sobrellevando bastante bien a las materias. En otra distinta, estamos viendo Bajtin, un teórico muy relevante de la literatura del siglo XX. El profesor lo ama. A veces imagino que hasta puede llegar a tener un tatuaje de él, de tanta fascinación que le tiene; algo así como un Bajtin en toda la espalda grabado, abriéndose paso con las manos a través de la piel, como queriendo salir. Media fuerte la imagen. Pero sí, tiene algo de razón. Fue importante en lo suyo ese ruso. El tipo hablaba de que cada actividad social de un grupo de personas tiene su propias maneras de expresarse mediante el lenguaje y que estas se distinguen mediante rasgos específicos, “los géneros discursivos propios a cada esfera de la actividad humana”. Algo así, tendría que revisar los apuntes. Lo que quiero decir es que estos géneros mueren o se resignifican cuando esa actividad a la que están ligadas desaparecen o caen en desuso. Puso de ejemplo a la vieja tendencia del blog: que en una época era una forma muy frecuente, y extendida socialmente, de expresarse, y, que con la venida de todas las redes sociales, quedó demasiado obsoleta esta clase de plataforma social. Y para rematar, siguió con: “¿Hoy en día, ustedes conocen alguien que muera de ansias por llegar a su casa y subir una entrada en un blog?”. Me reí como un estúpido, y creo que se dio cuenta. Y más allá de la anécdota tiene toda la razón; no hay punto de comparación en cuanto ventajas respecto a las demás redes. Pero creo que hay que ver las razones por las que uno todavía decide seguir acá. No creo que sea por una cuestión de aislamiento virtual, porque de alguna manera uno siempre esta mirando del otro lado, además si quisiera podría cerrar la indexión de este sitio con Internet, pero para soltar palabras en privado tengo un par de libretas en la mesita de luz. Tampoco creo que sea una tema de regodearse en la soberbia de buscar de distinguirse de la masa, de no transitar por las mismas vías que los demás. El tonto orgullo de ser unos pocos. Por lo menos no sigo escribiendo mis cosas por esos motivos. Creo, en mi caso por lo menos, que es una cuestión de rutina. Pero de rutina linda, de rituales que nutren. Ahora mismo estoy escuchando una canción que me agarro de improviso…”Still corners- The trip” me dice la pestaña del navegador, y ademas con una taza de café y algo de canela al lado del monitor; aunque a veces una cerveza también viene bien. Y tan solo esperando a que termine de morir el día al final de estas palabras. Y debería estar durmiendo, hace tiempo que no puedo descansar lo necesario, pero sin embargo si me voy ahora, si cierro los ojos para abrirlos al rato y despertar con la noticia de otra mañana, algo falta… o algo me sobra mejor dicho. Tal vez al principio me resultaba algo forzoso sentarme y escribir, aun sin saber muy bien el por que, pero ahora me resultan casi vitales estos momentos,  de dejar sujetas las palabras que me andaban revoloteando en la vuelta a casa y que casi se me escapan por la ventanilla del colectivo. Tal vez es lo único que me permito sin culpa. Hasta dormir me da culpa con tantas cosas que hacer…o que debería hacer. Pero no se, supongo que era lo que quería, estar algo ocupado como antes. De alguna manera funciona, de repente era julio y ahora ya estamos por descorchar una sidra nuevamente. Pero todo eso es una ilusión consciente, solamente se amontonan estrechos de calendario cuando me pongo a reflexionar sobre aquel el cumulo de días que pasan, porque el transcurso de cada día se despliega pausado y firme. El tiempo, si es que se puede pensar algo parecido, siempre va a ser algo con lo que me termine peleando por incomprensión. O tal vez solo termino peleando conmigo mismo. A pesar de que las cosas parecen ir con prisa, me estoy tomando mi tiempo para respirar de vez en cuando. Entre todas las cosas que estoy haciendo mal, puedo rescatar esa como una pequeña medallita de aprendizaje. Pero quien puede estar seguro de que termine aprendiendo algo después de todo. Confundo aprender con repetir algunas costumbres, como no volver tocar el horno si esta prendido o no clavarse un cuchillo en la pierna porque puede doler. Soy más de las situaciones extremas, como la segunda. Siempre hace falta algo más para reaccionar, aunque siempre quede resonando las preguntas y las dudas. Hace tiempo que no hablo con una verdadera amistad, y tengo miedo de ya no necesitarlos. De ya no prescindir de algún consejo que, al fin de cuentas, no terminaría siguiendo. Será que no quiero verlos, siempre me dan el lugar para desparramar las toneladas de porquería que llevo encima. Y es que mi vergüenza y yo nos pusimos de acuerdo y nos cansamos de dar lástima en plan de victima moribunda; sentía esa mirada sobre mí de parte de ellos, la inaguantable compasión. Igual ahora seria una linda noche para compartir una cerveza, en ese bar estilo boutique del que tanto hablan. Y conversar esta vez de cosas más mundanas o tremendas, exentas de tormentas y de cruces intimas, de dejármelas para mí y para mi almohada. Pero hoy no, aunque me gustaría. Mañana debería ir al hospital bien temprano. Una amiga de mi hermana necesita dadores de sangre, y bueno…a ver si toman la mía por buena…No sonó muy bien eso, las desventajas de escribir mientras se improvisa. En fin, estoy reconsiderando el sacrificio de un par de horas más de sueño mediocre por una buena causa. No me puedo resignar con mi hermana. Ayer hablamos: son pocos los momentos en el año en los que nos quedamos por horas gastandole la batería al celular. Una de las pocas personas con las que puedo hablar de tonterías por tanto tiempo, o de cualquier otra cosa. La distancia es una cagada cuando es verdadera. Voy a ver si puedo hacerme una escapada en estos días, pues siempre viene ella. Bueno, por hoy es suficiente. Siempre quedan cosas por decir pero el sueño y Piazolla me atacan implacables. Quizás esa sea la razón última y superadora por la cual siempre vuelvo a escribir en este pedazo tan propio y olvidado de papel digital. Siempre quedan cosas por decir…

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Dibujo: Lucas Capua

 

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4 comentarios sobre “Pensamientos al azar

  1. Entre a este blog quizás por curiosidad… Buscando quizás algo interesante que leer donde alguien pueda expresar un poco de lo que pueda llegar a sentir yo también, algo en Lo que me pueda reflejar… Esta publicación me refleja, mis días entre trabajo y facultad corren, el tiempo transcurre y yo escapo a mi entorno, me encierro un poco con excusas para no saber de lo mundano que me rodea , si ‘mundano’ esa palabra resuena en mi, la uso a menudo con la gente de mi entorno y solo pocos logran alcanzar a entender el verdadero significado, donde prejuzgan y lo único que consigo es alejarme de ese entorno que es cada día un poquito más lejano a mi. En todo caso también soy un bicho raro 😉

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    1. Jaja qué bueno que te hayas tomado un tiempo para leerlo, gracias. No se si raros pero apartados puede ser, a veces no se entiende que uno tiene que ir soltando viejas costumbres, y hasta personas quizas, porque no tienen lugar ya en las actuales rutinas, o porque simplemente no se pueden entender con estas elecciones que mantenemos. Ya no se busca entender tampoco, yo también tardo en entender algunas cosas de alrededor. El tema debe ser en ver que es lo mundano que nos ayuda a crecer y lo mundano que no hace más que estancarnos. Y creo que nadie puede saberlo con seguridad, y mucho menos poder alejarse de eso fácilmente. Aunque vos sí que pareces tenerlo claro, las cosas de todos los dias que no te van. Gracias por pasar, es bueno saber que alguien que comparte una o dos cosas.

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      1. Gracias por leerme y responderme, me queda una frase resonando “el tema debe ser en ver que es lo mundano que nos ayuda a crecer y lo mundano que nos hace estancarnos” tan cierto pero aveces tan difícil de discernir ,quizás por esos simples “instantes” de ceguedad momentánea. 😉

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      2. No, gracias a vos por las palabras, Yulim. Y sí, siempre se complica diferenciar y salir de esa ceguera como decís. Bueno, a veces no se quiere tampoco. Espero que estes despierta con tus cosas y gracias otra vez por pasarte. Saludo

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