Misma piel

La semana pasada, caminando por el barrio,  me cruce a una compañera de la primaria. Es algo usual esto, Garin no es demasiado extenso y tampoco su poblacion, pero la mayoría de las veces en las que suceden encuentros de este tipo son con alumnos del ultimo colegio donde iba, en esta misma ciudad. En cambio esta vieja compañera era de esos años en los que giraba de colegio en colegio, del publico al privado, del privado al publico y así…sin asentarme demasiado. Años donde donde ademas de conocerla a ella, conocí a muchas personas que moldearon hasta el día de hoy muchas virtudes y defectos en mi proceder, como pasó con Christian, mi amistad mas duradera, por decirlo de alguna manera. Era algo parecido en cuanto afinidad con Carolina, la alegre y alta Carolina. No era una amiga, aunque en esa época la amistad era algo completamente diferente para mi, pero se acercaba bastante. Siempre me resultaba sencillo y agradable hablar con ella, y me gusta pensar que yo también fui causante de buenos momentos. Nunca nos conocimos mas allá de los limites del ámbito escolar y del compañerismo, pero ella era una presencia que siempre estaba en los momentos en los que era menester hablar un rato; en mi curso, no todos nos queríamos, pero a ella la querían todos.

La ultima vez que la vi, me encontraba caminando por la calle, por una de las principales. Y yo, como siempre, cuando involuntariamente me distraigo caminando, con la mirada baja y con mis pensamientos a cuestas, tal vez pensando en la Facultad, tal vez pensado en Camila, la mano repentina de una presencia que no habia advertido, sobre las puertas de un local,  me alcanza un volante de publicidad (anuncio el cual parecía tratar de electrodomésticos o algo parecido). Debo mencionar, que soy de esas personas que, por cortesía o por tendencia a hacer avioncitos de papel, acepta todo tipo de papeles, tarjetas, panfletos, y demás publicidades cuando camino, asi que, casi instintivamente, lo agarre al mismo tiempo que levantaba mi vista para mirar a la cara a esa persona. Era ella, tan alta como siempre y con esa amplia sonrisa que sostenía la misma mirada triste de aquel entonces. Y entonces, fue que en ese segundo, noté como en sus ojos empezaban a chisporrotear  las ascuas de memorias apagadas, como si explotasen, cual efecto pirotécnico, una serie de recuerdos alumbrando su olvido. Por mi parte, al igual que ella, la reconocí de inmediato, y tambien empezaba a sentir, en ese pedacito de tiempo, como se superponían y desfilaban todas las imágenes de las charlas casuales y los encuentros en el recreo y las llantos silenciosos de ella y su simpatía incondicional y las clases de floklore y su consejo con alguna noviecita y la compañía de ella y los demás cuando esperaba el colectivo y sus innumerables lastimaduras por los rechazos de algun que otro compañero y mi padecer por no saber crecer, y siempre las mañanas, y siempre el mismo frio, y siempre la olvidada ilusion de que la vida nos juega a favor en todas y entonces, esa tarde en la que me termine alejando de todos ellos por completo. Me di cuenta, en ese fugaz momento, que ella esperaba una suerte de saludo o una exaltación o que por lo menos le corresponda con algún gesto el hecho de haberme reconocido.

Hubiera sido mucho mas feliz esta entrada, si la terminara escribiendo que en ese instante en que nos percatamos el uno del otro, a continuación, la salude, retomando ese vinculo justo en el momento en que los dejamos pausad, o quizás, si quiera ser mas esperanzador, y con este relato apoyar la ilusión de que el calor de los vínculos siempre se rehúsa a palidecer ante el castigo del olvido. Ciertamente me hubiera gustado, pero en cambio no pude mas que bajar la cabeza y con apuro torpe, seguir mi camino, anidandome en la fácil salida de no querer enfrentar la posibilidad de que tal vez si hubiéramos hablado, como millares de personas lo hacen cuando se vuelven a encontrar, todo seguiría como en aquellos enormes y escasos 12 años. Luego, a medida que me alejaba de ese lugar, de su entusiasmo demolido por mi áspera indiferencia mal fingida, intentaba dilucidar entre la vergüenza y la bronca el porqué de haberme ido de manera tan miserable de aquel encuentro fugaz. Y tal vez sea el hecho de que tengo impresa en la cabeza, a fuerza de experiencias malas, la sentencia que me dice que los años pueden deteriorar hasta las mas férreas relaciones, hasta las mas sólidas camaraderías; tal vez, temí de haberme encontrado a otra persona que a ella, que me hablase una impostora con su misma voz, con su misma cara.  Porque es terrible cuando sucede eso, Pero casi siempre, muy pocas veces hay excepción, esa charla evidencia una silenciosa e implícita incomodidad entre ambos; porque uno sabe, a medida que el otro desmenuza y explica sus acciones en esos años, uno va cayendo despacito pero certeramente en el horror de atestiguar que la otra persona que nos habla y escucha, no es aquella con la que solíamos reír o padecer. Y si, la otra persona también se da cuneta de todo esto, puede notar, con la misma fuerza con la que yo lo noto, el hecho de que esa imagen que ve mía, no encaja de alguna manera con los registros de su memoria. Pero todo esto ocurre en silencio, como si tratase de un horror mudo, que crece de a poco, y entonces seguimos continuando la charla, tratando de despertar a esa persona de antaño,recurriendo a cierto relato o algún recuerdo de dicha que nos incluya, que nos aproxime mas, pero casi siempre es en vano, porque la apreciación no es la misma, porque los actores de esas memorias ya no lo sienten con el mismo fulgor que ayer. Y entonces el desconocimiento se acentúa con el devenir del dialogo, al igual que se acentúa la certeza de que si bien portamos caras parecidas a las imágenes de esas personas que solíamos ser, de que a pesar que el rumor de nuestras voces suenan masomenos con la misma fuerza o con parecida tonalidad, de que algún gesto todavía se mantiene fresco e intacto, a pesar de esos rasgos que parecen mantenerse, toda evidencia de una supuesta imperturbabilidad se hace pedazos ante la extrañeza que se traslucen en las miradas. Y cuando el horror de esa extrañeza se hace real, no puedo evitar preguntarme en qué momento, en qué decisión, en qué palabra, durante que punto, en cuál pedazo de vida  fue en la que perdí de vista a esa persona que me mira, como de seguro la miro yo. Y me inquieta este asunto, porque suelo olvidarme de que lo que cambia no es la piel, la carne, el pelo, la ropa, todo lo que esta a la vista (no significativamente), porque todas esas  cosas las solemos moldear a cada rato, según nuestras pretensiones y gustos. Lo que cambia realmente, sin poder controlarlo y hasta sin percibirlo muchas veces, es lo que circula debajo de todo eso, lo que se filtra en la mirada; “lo esencial es invisible a los ojos”, decía el zorro. Y ahí esta el reto, esa dificultad irresoluble de  nunca estar seguro si cambiamos nosotros solos, o si los demás también lo hacen pero con nosotros (agregado a la dificultad de no siempre saber cuando nosotros mismos cambiamos, y en qué, si lo hacemos). Porque no es solamente la otra persona, la que transmuta en alguien que quizás ya no podemos entender, también recae en nosotros ese cambio imperceptible e incesante. O las cosas son más simples, y yo estoy desvariando de mas, como suele pasar. ¿Quién sabe?

El final de esta entrada voy a aprovecharlo para volver a aquel casi-encuentro, volver a Carolina. Porque un arrepentimiento atroz me sacude al no poder dar con la verdad si  fingir desconocerla fue consecuencia de la fatiga de toparme con los vestigios insalvables de amistades que se perdieron por las bifurcadas de elecciones o, si bien, que ahora en vez de esforzarme en remontar el brillo de esos vínculos que con el apremio del tiempo se apagaron, solamente los dejo morir sin esperanza por remontarlos del olvido. Un poco de ambas, seguro. Y es que cuando pienso en Carolina, y en esa mirada de amistad que no supe corresponder, no puedo dejar de pensar en los amigos de aquellos tiempos y en las personas que hoy en día veo caminar por la calle y que portan las pieles de aquellas personas que transitaban en las buenas y en las malas conmigo. Porque creo que fue mas un temor mio de notar en su mirada, no la falta de de aquella persona que no veía, sino de que note en mirada esa horrenda extrañeza. Esa extrañeza que percibí cuando cruce a cada uno, en algún momento, de aquel curso al que íbamos con ella. De todos ellos, lastimosamente puedo decir que Chistian es el único amigo que sobrevivió a tal erosión temporal, y creo que también estoy descuidando su amistad porque ya no nos vemos tanto como solía suceder. Seria una real pena, notar que un día de estos verlo y notar que el que me mira ya no es él. O peor aún, que los que me consideran un amigo busquen en mis ojos aquella mirada de amistad y el que los mire sea otro.

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Inquietud

Estoy inquieto. Calcular lo venidero con sosiego y quietud ya no me sienta bien, ya no creo que me sirva. Lo que digo es que siento la necesidad de cambiar hacia otra cosa, de reconsiderar muchas cuestiones y costumbres que me vienen definiendo, y dándole molde a los días, desde hace cierto tiempo. Tal vez, por lo menos desprenderme de esos rituales que solamente me hunden en lo mismo, mi abismo, como dice el Polaco. Debe ser cansado leer siempre de los mismo tópicos en este blog, y a veces me pregunto sobre eso, sobre esa inutilidad por parte mía de no poder tratar otros temas como hablar de música, o de un libro o de una película o cosas mas mundanas que no tiendan al ejercicio de una reflexión sin finalidad y al desgaste. Pero se trata de eso este foro, mi foro, esta suerte de terreno insustancial donde puedo echar claridad, explayar y desarmar mejor esos naufragios que se van acentuando en mi, o dicho de otra forma,  buscar una salida beneficiosa de ellos mediante la palabra, o eso pretendo con este ejercicio de repetición. Y es estúpido ahora que lo pienso, porque intento destruir los círculos que me apresan con herramientas de la misma naturaleza: repitiendo y repitiendo, sintiéndome incapaz de salir de ellos aunque los reconozca y les de forma en este espacio. Tal vez, ese sea mi propio bucle, uno que me diseñe para mi mismo, para no transgredir, para no saltar sobre nuevos limites, o mejor dicho sobre los viejos. Debe ser por eso que siento la imperiosa y ´punzante necesidad de voltear las cosas radicalmente; y hablo de casi todo, mis relaciones, mis planes, estos aburridos miedos, y este blog también. Replantear como es mi relación con el entorno, quizás. ¡No!…el “quizás”, no más. Esa palabra la tengo que excluir de mi vocabulario. Las cosas se hacen o no se hacen, como dice el gran Yoda. El quizás no indica mas que posibilidad, de incertidumbre, de la falta de certeza de llegar a ejecutar una acción o llegar a un destino claro. Sin embargo, hay otros vocablos que debería discriminar mas seguido también, como esa sucia palabra “ansiedad” o el volátil “miedo”. Palabras que no las uso debidamente, que las utilizo en muchas ocasiones de más, como de flojera, sin que me sacudan la carne realmente cuando las menciono. Pero uno esta tan acostumbrado que ya se le hacen un atajo para explicar cosas al hablar, al usarlas sin cuidado se le prenden en la lengua sin notarlo. En cambio, me gustaría poder usar otras con un poco mas de frecuencia, y usarlas con las personas adecuadas en lugar de gastarlas con personas que nunca.  . se quedan mucho tiempo. Vuelvo a lo del principio, no estoy cómodo, estoy inquieto. Por pensar de más, por avanzar, por hallarme incomodo en cada lugar al que llego…no se las razones, y tampoco quiero buscarlas, solo se que quiero hacer algo con esa inquietud. Algo provechoso, como plantar un árbol, estar con gente querida, o escribir algo mejor que las boludeces que escribo acá, como darle forma de cuento a alguna de esas ideas que tengo dando vueltas hace tiempo. Estoy cansado de cansarme, y eso es triste, pero tiene un aire de salida, como un olorcito a libertad que desprende esa sensación de hartazgo. Ahora considero posibilidad, es diferente esta vez. Me di cuenta que no tengo pelear solo, esta vez colgué la bandera del orgullo, para poder ver que necesito una mano externa para replantearme estas cuestiones. No es malo escuchar las palabras y los consejos de las personas que te quieren y también a aquellas que  transitaron en algún momento los mismos desiertos en las que se encuentra uno. Y tienen razón, debería apreciar más lo que tengo a mi alcance en lugar de concentrarme y desangrarme por lo que me falta. No hay apuro, dicen…no hay apuro. Me alivia pensar en eso.

No tenia ganas, de escribir, últimamente escasean cada vez mas las ganas, pero que bueno termine por hacerlo. porque si bien siempre caigo en el pecado de tocar los mismo temas y de describir a los viejos conocidos temores y molestias de siempre, cada vez que lo hago e intento narrar todo lo que me atraviesa, se agregan nuevas cosas o encuentro pedazos que no había visto, que me ayudan a completar mucho mejor esta confrontación-conciliación que transitan en mi lo que soy, este tumulto amorfo de emociones, memorias y posibilidades, sostenido por un poco de piel y hueso y que responde a un nombre mal anotado en el registro civil.

En fin, aunque el frío ya sea haya instalado en lo que queda de mayo me siento con un calor en el andar, como transpirando inquietud.

De los regresos

No sé bien que le diga a Lauta cuando vuelva en un par de meses, o mejor dicho, no sé como podría evitar la vergüenza cuando sepa que mucho no avance desde la ultima vez que nos vimos. Un par de cosas cambiaron, pero no lo hizo el motivo por el cual me fui aquel domingo de improviso (siempre queda repiqueteando en alguna noche, esa culpa de haberme ido en momentos tan difíciles para él y su familia, de que creyeran que mi falta a su ayuda para conmigo fue por mera cobardía). Y yo sé que quizás él me diga que ya va a llegar el momento adecuado, que ya voy a encontrar lo mio, y luego probablemente disipemos la angustia de dicho asunto poniéndonos al día con temas más superfluos o con memorias que nunca se desgastan, pero al fin y al cabo, en el interior, siempre con implacable certeza, esa quemazón de una deuda vigente siga ardiendo, aun si él o su familia no la reclamen; me siento en el ineludible deber, en alguna ocasión, de devolverles esa ayuda que no pude brindar al irme. Entre tantas otras necesidades, una de ellas es aquella, pues resulta raro personas que brinden así su predisposición a darle una mano a alguien desconocido prácticamente, por lo menos incondicionalmente.

Falta nada para que vuelva…y pensar que hace un mundial estaba acá con nosotros, en noches de pizza y cerveza, brindando por futuros que jamas se concretaron y por otros que si. Ahora, cuando nos juntamos con los chicos, brindamos por él y por su buen porvenir en su proyecto, entre otras tonterías. Todavía, no son muy lejanas esas noches en las que solíamos comer esas hamburguesas fatales, en la ribera del río, rememorando e imaginando situaciones amargas y dulces, buscando acariciar la llegada de nuevos planes, de destinos mas favorables a los cuales invertir nuestro tiempo. Inagotables y entrañables charlas sucedían bajo el aire nocturno de Rio Cuarto, acompañados por un cielo tan nutrido en incontables estrellas, de todos esos falsos Soles tan lejanos y resplandecientes como a la mayoría de esos futuros a los cuales buscábamos alcanzar, en ese entonces. Y es grato verlo, por lo menos desde lejos, como en algún momento logro cerrar su mano y hacer materia esa estrella que buscaba; cosa linda es verlo ensalzado de entusiasmo, prosperando a pasos enormes , y mas a gente como él y los suyos, que nunca esperaron nada de nadie.

Es algo agridulce su regreso, aunque sea solo por una semana, y creo entender que los motivos de bienestar ea medias son porque por un lado, siempre se mantiene entera la expectativa de volver a verlo, y pienso hablar por todo el grupo cuando lo digo (admiro esa habilidad, que creo que el no advierte que posee, que su presencia logra acercar al grupo y hasta reconciliar tontas broncas entre nosotros, algo así como una de esas santidades  de paz y comunión, pensándolo mejor tal vez sea demasiado equipararlo a tal nivel), y por otro lado, es que no soy capaz de contarle que estoy cada vez mas cerca de lo que buscaba, no es verdad. Y el problema, cabe resultar, es esa molestia que nace que de lo que busco nunca se queda quieto y cambia constantemente, que nunca termino de estar cómodo en ningún lugar al que llego.

No estoy tan ansioso como en otras ocasiones, pero también estoy pendiente de su llegada, y de todo lo que conlleva eso. Y puede que esta vez no pueda contarle de muchas culminaciones de cuentas pendientes, pero si no puedo esperar por contarle de otras cosas, y tal vez mejores. Que la conozca a Cami, y que así vea el porqué de las cosas que que hago, o que incluso conozca a Bastián y haga una joda, de esas infaltables, con mi hermana. Que volvamos entre todos, aunque sea por unos efímeros y fugaces días, a rememorar e imaginar variedad de escenarios y de personas que ya no están, y que riamos y gritemos hasta que la noche se haga luz, o por lo menos hasta que Alan se caliente y nos eche de su casa.