Improvisación

No suelo dibujar mucho. Me gusta, pero cuando tengo ganas de dibujar siempre termino pasándolo muy mal por sentir esto dicho, la amarga insatisfacción de que nunca me llega a convencer lo que dibujo. Me pasa con todo, palabras, dibujos, trabajos, salidas, mensajes, planes…todo. Siendo un bicho por de más pensante, en el mal sentido, me cuesta mucho soltar algo sin darle antes por lo menos un par de inspecciones minuciosas. El problema, a parte de perder tiempo, es que uno jamas va a estar lleno con lo que hace, porque a medida que mas ves algo, más cosas buscas agregarle o sacarle, mas asperezas buscar limarle, la búsqueda por la forma final y absoluta nunca se concreta; a estas alturas, me inclino más a dejar tanto protocolo y metodología decorativa, e inclinarme por el pantallazo inmediato y audaz, por desviarme más sobre la forma de la improvisación clara y desenfrenada, realizar maniobras certeras pero desde la ignorancia voluntaria del riesgo o la consecuencia. Muy raras veces suceden episodios por el estilo, situaciones en las que logro escapar de esa sensación y así realizar algo sin muchas vueltas o procesos, sin titubear de más ante alguna duda;  ahora mismo, la disposición y el orden de estas palabras me resultan insuficientes, y peor aún, me incomoda saber que no son la mejor posibilidad que pude haber alcanzado, al no llegar a explicar cabalmente mis intenciones o relatar algo. Me gustaría eso (entre tantas otras virtudes), manejar la fluidez de una acción correctamente ejecutada , pero bajo la chispa de la intuición; en otras palabras,  la habilidad de anteponer la cruda ejecución sin la mediación innecesaria de la razón o de la frustante persecución de lo sublime, que suele conllevar al fracaso de la bronca de no poder rasguñar siquiera la piel absoluta de una idea. Me gustaria transmitir ideas asi, bajo el rayo de la inmediatez y sin que se pierda demasiado en el camino. Pues Lucas, es un gran portador de esa habilidad; es una de las pocas personas (tampoco conozco demasiadas) que cuando dibuja se corresponde sin perdida alguna con el pensamiento de ese dibujo. O el Viejo con sus mañas para las tareas de carpinteria. Ahora que lo pienso se me vienen a la cabeza los nombres de muchas personas que sin guiarse por la experiencia o instrucciones, lograron crear algo novedoso de la mejor manera posible.

El dibujo final, en si mismo, no es gran cosa. Se nota la falta de técnica y la forma en que transmite su sentido tal vez sea algo trillada, pero lo importante no son sus características, sino las circunstancias de las cuales surgió: hace unos días, fruto del aburrimiento (y del cumplimiento de un pedido) empece a esbozar una figura en un cuaderno. Con cierto impulso de dibujar algo pero sin saber qué específicamente, apoye la lapicera negra sobre la hoja y empezaron a circular los trazos y las lineas, sin un esquema preexistente o una noción conceptual de antemano. Me asombro, a la vez que me entusiasmaba, darme cuenta que estaba dibujando desde la intuicion, o tal vez esa idea que desconocía se dibujaba sola; quizás, esa misma idea estaba esperando, desde algún callejón de mi mente,  salir de alguna forma, y en ese momento vio la oportunidad adecuada para reclamar su rinconcito en el mundo, por lo menos desde las paginas de un olvidado cuadernillo. Un pensamiento haciéndose sustancia a través de mis dedos, a través de mis manos, unas manos tan torpes. Sirviéndose de mí como instrumento para volverse una serie sublime y inadvertida de trazos. Y cabe mencionar que no dibujo bien, pero ese último dibujo que nació desde el desconocimiento de mi mente, me pareció el mejor, o como mucho con el que mas satisfecho estuve en la vida.

Cuando se lo entregue a Camila. me dijo que le gustó. No sé bien si fue un gesto de gentileza o genuina consideración (hay que tener valor para entregar algo así ante los ojos de alguien que se desenvuelve muy bien con el dibujo y con el dominio de una rica sensibilidad artística) pero no importa demasiado, porque el asunto es que cuando se lo entregue, justo antes de irme y dejarla en manos de una angustiosa tarde dominguera, creo recordar sentirme aliviado: primero porque no me pertenencia, no lo podía sentir mio o resultado de mi esfuerzo, no me costo; y segundo porque me daba cierto vértigo contemplarlo, decía mucho mas con un simple vistazo de lo que tal vez escribí en muchas de estas entradas. Y creo que si ella no me hubiera pedido que le dibuje algo, en años lo hubiera vuelto a hacer sin una justificación previa, como dije antes, me genera terrible fatiga el tema de querer abordar, desde mi insuficiencia,  lo “artístico”. Tal vez, el mérito lo tenga ella con el hecho de que las cosas salgan bien sin tener que pensarlas demasiado; a pesar de su culposo temor de que las cosas se precipiten con cierta rapidez, a mi me convence cada vez más haber transcurrido todo este camino, sin tantas mediaciones y maquinaciones de por medio. Creo que el hecho de haber transitado este eterno mes, de manera tan trepidante y desenfrenada, sin habernos dado un palo contra alguna incertidumbre o desencuentro…creo que debe significar algo, creo.

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Naufragio

No me gusta sentir que las cosas sucedan sin un pensamiento previo, no me gusta no poder anticipar los posibles variantes, pero ahora mismo, me surge la punzante necesidad de sacar las manos del volante y dejar que las cosas transcurran sin intervención alguna, para bien o para mal (no importa demasiado). No entendiendo muchas cosas, pero lo que si puedo llegar a captar es que la razón me duele, y mucho. Hay cosas que ya no puedo controlar por si solo; hay caminos que no renuncian a repetirse en mi vida, o tal vez sea que yo no quiera renunciar a repetirme en ellos. No lo sé, ya no me puedo contestar yo solo esas preguntas porque no confío demasiado en mi voluntad o mis pretensiones. No es bueno sentirse atrapado con uno mismo; necesito respuestas y esta vez no confío para nada en mí para poder contestármelas, porque sé que aunque elija cualquier dirección siempre me voy a llevar a ese punto de retorno eterno, en el cual, otra vez me encuentro. Nunca mejor nombrado este blog; de naufragio en naufragio, sin importar con quién o por cuanto tiempo construya alguna nave para zarpar, más temprano que tarde, siempre termino despertando en el mismo lugar, viendo a lo lejos los restos de cada naufragio, como se desmorona una nueva posibilidad sin poder hacer mucho. Y me veo tan ridículo y avergonzado. Creo que tendría que borrar todas estas entradas anteriores que incitaban entusiasmo y compromiso, porque siento en el núcleo del pecho como ese mismo entusiasmo, al ver que alcanzaba una aparente mejoría, colapsa en palabras huecas, y en promesas auto-impuestas. A esta altura no se si es falta de capacidad o que el mundo no me termina de convencer, pero estoy cansado. Es agotador no encontrarle la vuelta, y que todo se repita sucesivamente. Y no es un manifiesto de auto-compasión, pues ahora no tengo ganas de escribir demasiado, solo que me parece la alternativa mejor para aplacar este malestar, o por lo menos la más inofensiva a estas horas. Bien podría estar en la penumbra de mi cuarto, mirando el techo y tratando de apagar la mente con canciones pero me dormiría masticando esta incipiente amargura; o bien, bajo la excusa de una cerveza, descargar todo estos conflictos con alguna compañía amiga pero ellos ya tienen demasiado con los porvenires cotidianos, seria bastante egoísta; o tal vez mandarle un mensaje y esperar que calme con su respuesta este fuego helado, pero temo aturdirla con lamentos repetidos.

Hoy me quede mucho tiempo en la parada del colectivo sentado, dejando pasar cada uno que venia, dejando pasar cada oportunidad que se detenía para que me suba, y es así que reflexione que el mundo se abría en cada colectivo no abordado, y comprendí en ese momento que no me importaba mucho conocer cada oportunidad porque sabia con inevitable tristeza que aunque me subiese a ellos, siempre volvería a ese lugar, a esperarlos. No sé…tal vez haya algo roto en mí. Bukowsky, creo recordar, que decía que él sentía que algo malo había dentro de él, pero que no tenia intenciones de cambiarlo; quizás para él era una suerte de recurso, hasta algo necesario poder inspirarse de esas grietas sombrías que nutrían su prosa. Pero el asunto es que él era un escritor, no importa si polémico o no, un escritor a fin de cuentas,  y en cambio, solamente yo soy un pibe más, que solo intenta superar los problemas que sopesan a su edad.

Sé que por mi cuenta (no esta vez) no voy a entender porque me cuesta sobreponerme a esta montaña de ansiedades, en la que derivo mi vida. Pero esta vez, me abrazo a una tenue esperanza; hay algo que late diferente, como un atisbo refrescante que me dice que capaz esta vez pueda salir. Antes, en situaciones anteriores, no solía alzar la cabeza para ver que habían personas que se preocupaban, de las cuales podia aferrarme, pero ahora las advierto, y noto que están atentos a mi bienestar. Es bueno contar con eso. Espero que no me bajen la mirada, espero que sigan ahí por un rato más. Una de ellas, aunque reciente en mi vida, intenta ayudarme; hace no mucho, su mirada transmutó en determinación y en cariño, y es entonces que se dispone a ayudarme, de la mejor manera que puede: logrando disipar  con caricias y chistes inadecuados cualquier vestigio de inquietud, u oprimiendo cualquier brote de angustia con esa mirada tan rebalsante de timidez y calor que sabe compartirme. Pero la misma seguridad que tengo con la certeza de saber que ella esta cuando la necesito, también es la misma seguridad con saber que  en algún instante pueda ocurrir que levante mi cabeza y tal vez ella, ya no este ahí. Ojala nunca ocurra, pero si llega ese momento espero no merecer su ausencia con algún paso en falso mio.

A veces, hay momentos en que logro acallar este agobio seco en el pecho con la invocación de alguna memoria que la contenga a ella, y entonces, es cuando miro al mundo, en alguna plaza o afuera tomando mate, y dejo caer la cabeza al sentir que el sol me baña con su indiferente brillo, mientras, brota en mi cuello el fulgor de un recuerdo, el calor de un sentido.

Si pudiera

Pensar, que un mes atrás, parecía todo tan claro, y ahora todo tambalea otra vez, por el decir de un nombre. Y esto se agrava aún más al sentirme traicionero con mis ideas, en contra de todos esos pasos que había previsto para mi en ese entonces; pero el porvenir es así, uno nunca sabe cuando se puede torcer, para bien o para mal. Hace mucho, muchísimo tiempo que no me sentía tan vulnerable con alguien, y es raro, porque también, hace tanto tiempo que no tenia tantas ganas, tanta determinación en plantarme y pelear, por algo. Y es así, armado de esta repentina convicción, es que uno intenta disipar todas esas dudas que andan revoloteando por la razón; que uno intenta evitar tanta suavizar las asperezas en cada encuentro; que uno intenta reducir la lejanía impuesta, que intento seguir caminando entre tanta  ansiedad. Pero temo, que esta fuerza me termine jugando en contra, y quedar inerte en el aire saltando solo, con esta impulso sobrante y consumiéndose en el tiempo. Creo no recordar, sentirme a gusto con el hecho de quedar tan expuesto con la gente, ni siquiera con amigos puedo hacerlo seguido, pero con ella siempre resulto desarmado ante sus preguntas sobre lo que fui, sobre lo que quiero ser, sobre los miedos, sobre los deseos, y al final resulto sintiéndome cómodo cuando noto que hay alguien como ella que esta dispuesta a escucharme, y entonces el orgullo, el torpe y viejo orgullo, de quedar desprotegido de barreras ante alguien queda al margen de la certeza de saber que ella se toma un tiempo para parar un rato y mirarme, aunque no sepa bien cómo, ni sepa  bien con qué fin. Seria bueno, si pudiera hacerle entender,o por lo menos, que contemplara la idea, la sincera oferta, de que no me importaría perder, que no me molestaría destrozarme para poder construir entre los dos, que no seria para mi forzoso el hecho de ceder y vaciarme de tiempo y alternativas por un lugarcito en su vida posible, de ayudarle a apaciguar la quemazón de las heridas de memorias que se niegan a apagarse. No sé bien, pero me gustaría saber qué tan en serio toma mis palabras, o saber al menos desde cual posición me mira; si desde la curiosidad, el entretenimiento, la prudencia, o tal vez, todas ellas, o tal vez, ninguna. Si pudiera, tan solo, contestar alguna de esas preguntas.

Y a veces, hay momentos como los de hoy, en los cuales me siento tan ajeno y tan cansado, pero libre de esta ansiedad privada y auto-impuesta, seguro en mi cruel cuestionamiento interno. Es novedosa esta contradiccion en mí porque mientras en mis mañanas advierto el impulso ferviente de una ingenuidad que creia perdida, en mis noches se hace presente el ferreo escepticismo, incomoda muleta de los ultimos años. Y ayer, mientras caminaba hacia casa, pensando sobre todas las cosas y pasos en falso que tal vez estaba dando con ella, y entonces, miraba el cielo y los techos de las casas y la oscuridad sin una Luna y notaba como el aire nocturno me llenaba el pecho una vez más, aclarando la mente, poniéndole un tope a mi entusiasmo; y es así  que pude verme desde lejos caminado en la mitad de esa calle, entre los mismos coches que pasan indiferentes, entre las mismas luces que no siempre encienden, incitando en ladridos a los mismo perros que parecen nunca callar, respirando el mismo frío, la misma imagen. Entonces me di bronca por un momento, porque yo no soy así. Pensé en la posibilidad quedar como un tonto, y la verdad que me siento algo viejo para que eso ocurra, porque  conociéndome algo, intuyo que después de una posible caída de vuelta, ya no voy a tener fuerza para volver a intentarlo. No sé, en ese instante me vi despojado de tantas pretensiones, y con algo de vergüenza, porque entendí que lo que quiero es bastante desubicado y digno de poner en duda; ademas de ser tan reciente el tiempo transcurrido, prácticamente soy un extraño en su vida, y no tengo los privilegios que otorgan las memorias compartidas para pedirle nada. Confieso que medio boludo me siento a veces, pues siempre creí que el tipo de balada para un loco era demasiado dulzón o pesado, y la verdad que rememorando las cosas que hablo o releyendo esta misma entrada que no puedo evitar que me guste cada vez mas esa canción. No sé…de esas cosas hablo, de esos lados que no terminan de concordar en mi, que esas peleas que no terminan de definirse. Y resulta que en noches así, donde gana la relativa lucidez, siento ganas de anular esta energía cegadora y volver a sumergirme en mi rutina de siempre, y que el mundo gire y gire, y dejarle al tiempo que transforme estas semanas en un placido sueño de angustia y alegría, y así, dejarle que vaya apagando de a poco esta necesidad de saber…si fuera tan fácil volver a mi estadio anterior, de aparente estabilidad, solo si fuera tan fácil, ignorar que en estos veinte años muy pocas veces estuve tan seguro de algo.

Ahora mismo no es buen momento para escribir esta entrada, siempre la noche debilita las pasiones, y tal vez sobre exagere los hechos. Pero a pesar de todos los vaivenes y de masticar la duda de no saber bien si esta noche me va a volver a hablar después de lo que hice, no creo que lo mio termine siendo un capricho o alguna especie de ilusión fabricada de acuerdo a alguna pretensión polvorienta mía, hay silencios que evidencian lo contrario. Pero tal vez si sea, como en esas películas cuando alguien vive un sueño sin saberlo o esta inmerso dentro de sus propios y perfectos delirios para evitar alguna realidad incomoda. Yo soy a veces de inventarme historias y tal vez ella sea un cuento que quise contarme a mi mismo para darle mas sabor a los días, pero no creo que sea el caso tampoco. Nunca escribí tan lindo.