De los finales y otros temores

Son esos dias, en el que verano se adelanta y te aplasta con ese calor implacable que podria doblegar hasta la mas voluntad mas jodona. La verdad es que hoy si me quedaba duro en el kiosco me daba igual, con tal de no seguir respirando ese aire sofocante. Y ahora mismo me rio, porque manejar chistes asi, con tinte a humor negro en frente de mi vieja por ejemplo, siempre activa una luz de preocupacion: piensan que por decir algo asi uno lo va a ser o lo va a buscar. Me resulta gracioso, o tal vez yo sea un tonto, las personas que se alarman a la sola mencion de la palabra muerte, o a su mera alusion.

No hace mucho, conoci una persona que era así, tan temerosa a la idea de un fin. Y era raro, porque jamás me tope con alguien tan desbordante de optimismo, tan ausente de limites, tan repelente al pudor y a la timidez; al hablar con ella no habia protocolos o temas vedados, las conversaciones eran tan maleables que podian empezar con una anecdota de los mas banal hasta desencadenar en un tema que depuraba exitencialismo a toneladas. Soliamos quedarnos hasta tarde hablando, inmersos en charlas nocturnas en las cuales jamas se perdia esa intensidad, esa chispa de elocuencia que marca el ritmo de cualquier interes en una charla. A pesar de todo, puedo decir que disfrute mucho de  su compañia. Pero lo curioso aca, es que me descolocaba ver como un espiritu tan sagaz y desprovisto de estructuraciones o de ideas rigidas se anulaba con la solo mencion de que alguna vez pudiera terminar su vida; recuerdo que mucho tiempo me parecio rara esa reaccion en ella. Tal vez, al no abrazar ninguna ideologia religiosa, la muerte le representaba un fin absoluto y eso era lo que la frenaba en seco, que tal vez no habia mas camino que recorrer, como un susurro angustioso que le decia que no importa cuantas cosas haga jamas podria experimentar todas las posibilidades pendientes. Me parece que nunca voy a saber con certeza sus razones, pues respetaba ese unico limite que me fijaba ( con culpa, se le notaba). Todavia recuerdo la unica y ultima vez que hablamos del asunto: inicie el tema en forma de chiste negro pero dando lugar a una posible respuesta que demostrara que era lo que pensaba sobre esto. Desde esa vez muchas veces pienso (y admito que con miedo, la mayoria de ellas) qué es lo que podia ver ella, y yo no, que enmudecia tanto sus ganas de ser. Desde que angulo la contemplaba para que le generara ese panico en el cual, casi con envidia, no podia entender. Me sentia un poco ignorante, fuera de lugar pensar que ella podria llegar reflexionar a la muerte desde un lugar, en el cual la claridad es tan incidente en que la quemaba con tan solo abordarla.

Si bien, no soy una de esas personas que le aterran la idea de morir, pienso mucho en ella. Pero sin verla desde una perspectiva negativa o positiva, sino que simplemente admito que es algo ineludible, y necesaria para considerarnos humanos. Es algo que nos atraviesa a todos de igual a igual, sin importar que la veamos de negro o de blanco; es una de las pocas verdades que conozco ( si es que a algo le podemos llamar así), esa verdad que nos enseña que por más que la admiremos o la defenestremos, que pataleemos o le sonriamos,  ella siempre va a estar ahí. Esa mansa dueña de la espera como bien decía Benedetti.  Y cabe decir que no soy alguien ligado a la religion pero a su vez, tampoco promulgo la idea de que no exista una continuacion de cualquier tipo; si tendria que inclinarme por una etiqueta seria por la de agnostico, supongo. No sé, me parece errado afirmar o rechazar las posiblidades, especular por especular es redundante. Es por eso que no me importa mucho cuando le doy vueltas a esta idea sobre la muerte, por lo menos la propia. Y es reciente mi postura sobre ella, porque solo hay que contemplar un poco las posibilidades. Pues… bueno, por lo menos para mí es ganancia en cualquier sentido: supongamos que si se termina todo y la conciencia deja de ser, listo, no hay nada que se pueda hacer, no voy a poder racionalizar el hecho de que voy a estar muerto; y ahora, supongamos que la muerte es solo una transicion, una fase necesaria para que mi razón, y lo que todo eso conlleva, se siga perpetuando y aprendiendo y experimentando , imaginemos hasta la eternidad por decir algo. Mientras mas pensamiento uno le dedica, mas le  genera una sensacion de falta; tal vez mi consideracion sea bastante limitada a pensarla con una simple dicotomia; tal vez hay muchas mas opciones que tener en cuenta. Pero no sé si me harian bien saberlas y seria mas beneficioso seguir haciendo uso de mi ignorancia selectiva (que tantas veces me ayudó). Seguir jugandomela como si fuera a ganar. Mira si por alguna casualidad no puedo con una verdad asi y termine sabiendo que, al final de todo, soy solo un perdedor más.

La realidad es que prefiero temerle a lo que si puedo controlar, porque no me alcanza repartir el miedo a todas esas cosas fuera de mi alcance (no tiene sentido). Pero a la posibilidad esa, que suele acechar en noches de falsas victorias, es la que despierta igual o peor horror en mí, que esta amiga tan rehacia a la muerte. Le tengo miedo al transcurso, no al fin; a todas esas cosas que deberia lograr y tal vez no pueda al estar apesumbrado por los viejos fantasmas de pereza y la inseguridad; a todo lo que podria ser y tal vez no sea por incapacidad o falta de impetu. La muerte no vale nada para mí, cuando se compara con ese miedo. Y ahora, leyendo estas lineas, me brota una sonrisa por la ironia que se desprende de ellas. La sospechosa ironia en la cual, como yo, un pibe tan adormilado por el devenir, le teme a los vaivenes de la vida, y como ella, una chica tan despierta en su sentir, le teme a estrepitosamente a la sombra de la muerte.

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Noche sin paz

Noche de paz, noche de amor… solía cantar Prodan, en esa infaltable cancion donde desnuda a la Navidad de ese sentido sagrado y trascendente que le solemos dar (y lo triste es que muchos siguen pensando que el pelado hacia canciones de rubias y de droga, sin darse cuenta que era uno de los musicos mas criticos que teniamos). Todavia faltan algunas horas para la gran cena navideña, y la verdad es que no se bien cómo sentirme. Cada año siento como que estas fechas van perdiendo importancia, no solo en mí, sino tambien en el circulo familiar. Todavia me acuerdo lo que significaba para mí, y el disfrute que me generaba saber que la Navidad estaba cerca: los posibles regalos (generalmente ropa), las comidas  correspondientes a esas fechas, los dibujitos especiales en la tele, los falsos papa noeles que se hacian presente cada año. Todo esto sin saber muy bien el por qué uno se tenia que vestir con lo mejor y portar bien toda la noche. Y todavia, hoy en dia, tampoco lo se muy bien. Porqué en la familia nunca le dimos a esta fecha el valor verdadero que merece; a la perspectiva religiosa se la sacamos a bailes, chistes verdes y resacas. Siempre la vimos a la Navidad, como una buena oportunidad para festejar y ver como la familia se ponia al dia.  Pero ahora ya no queda ni el lado religioso y ni el jovial de la fiestas para nosotros, todo festejo se fue deformando en un sentido de compromiso ( casi obligacion): cada año mas sillas vacias, más disputas nacientes del orgullo, más odio y menos razon.

Hablando claro, lo que molesta de esta semana final es que es una señal ineludible de que el año se está muriendo; como que uno está haciendo sus cosas allá por agosto o mayo, y de la nada, asi no más aparece el forro de diciembre y te dice que no hay mas tiempo, que todo vuelve a empezar. Y el asunto es que tiempo hay, pero que el año cambie un número solamente ya a uno le aumenta la urgencia, a uno lo hace mas viejo. Y a mí… la verdad que me rompe tanto las pelotas estas fechas, porque es una alarma incesante que te grita en la oreja que se viene una amenaza de repeticiones, que uno puede llegar a caer en alguna de esas trampas circulares si no está atento; esa fobia a los circulos que tanto me jode (y tal vez, yo solo me cree). Y ya que perdi esa habilidad de poder disfrutarlas a las fiestas, por lo menos vamos a intentar sobrevivirlas lo mejor posible: Mi plan es simple: brindar, hablar un poco con la familiar,comer  un poco, tomar más que ese poco (seguro mucho más) y entonces desaparecer, entre amigos si es posible, o algun superviviente que quiera cantar Noche de paz conmigo.

Siguiendo a la Luna

Es medianoche, y en el cielo profundo e inerte desfila la Luna. Una soberbia luna llena, de esas que suelen aparecer en esas mediocres películas románticas de turno. Y el caso es que mientras más la miro e intento definir sus detalles, mientras más fumo y pienso en su forma circular e inmaculada, más puedo sentir como me voy perdiendo poco a poco en su resplandor; en esa resaltante configuración que deviene de su fulgurosa belleza, al desgarrar el telón oscuro de la noche. No sé. Son momentos en los que puedo escapar del dolor del tiempo, donde la picazón del mundo no me alcanza. Cómo si ella, piadosa de las inquietudes humanas, me ofreciera esa tan ansiada anestesia intelectual.  Pero, a pesar de la placidez de su encanto, no me engaño. Aprendí, tras incontables y minuciosas sesiones nocturnas, que más me interesa por lo qué es que por lo qué aparenta ser. Cual impostora inconsciente, se vale de la lejanía y del reflejo para definirse ideal, carente de irregularidades…perfecta. Alguna que otra vez, escuche rebuscadas teorías (por parte de cierto amigo muy apasionado en temas conspirativos) sobre su existencia o no, pero la verdad es que no me sirve si existe o no, o tal vez sí sirve. Hace mucho tiempo esa es la cuestión a la que le doy vueltas; la cuestión de las apariencias. Ni ella sabe que sino pudiera aferrarse a la seguridad de la distancia, grotescos surcos y una invariable extensión de cráteres la despojarían de su apariencia de planicie inmaculada y circular; ni ella sabe que si no pudiera contar con su poder de refracción sobre esa energía que le provee aquel inmenso astro de fuego, la originalidad de su brillo seria una farsa, al fin y al cabo.

Lo que quiero decir es que me gustan las noches de luna porque me ayudan a recordar cómo es que veo mis propias formas de vincularme con el mundo; todas la pretensiones que espero de las personas y todas las pretensiones que esperan de mí. La persecución desmesurada de las idealizaciones es una pase clavado a una llana desilusión. Yo mismo, muchas veces, soy como esa Luna, que brilla ahora mismo,  al reflejar algo que no es mio y al alejarme de todo y de todos para que no se vea lo que podría estar mal en mí; es más, yo mismo muchas veces soy presa (o elijo serlo) de todo eso de lo qué demás quieren mostrarme. . El gran genio Awada, suele decir que las personas se dividen en lo que realmente son y en lo qué piensan que son, y un poco a esa reflexión, entre otras cosas, se debe esta entrada. Es cierto que todos somos lo que no somos y escasas veces somos lo que pretendemos ser. Buscamos acomodarnos a todas esas formas y maneras aparentemente lindas y correctas que nos ofrecen los demás para intentar aplacar cualquier conflicto que pudiera generar a nuestras expectativas y, sobre todo, con la imagen que tenemos moldeada de ese otro. Es por eso que suele suceder, que cuando la otra persona da un paso que no nos convence o cuando atenta contra la tranquilidad de nuestras necesidades, emociones virulentas de frustración y desconfianza salen a flote; como si fuera algo imposible llegar a entender que el otro no siempre puede brillar de la forma que buscamos y que no siempre puede esconder todos esos cráteres e imperfecciones que nos cuesta asimilar. Y así caemos más y más, en la más profunda caída hacia la confusión cuando alguien no encaja o no quiere encajar con lo que uno necesita. Y de la misma forma que resguardamos en la espera de una respuesta correcta a nuestro llamamiento de seguridad, más creemos que los vínculos tambalean; entonces confundimos entrega con obediencia,  y entonces confundimos infidelidad con divergencia. Admito que muchas veces no puedo evitar caer en estas idealizaciones y en esta fácil frivolidad de intentar vender lo que no suelo ser y de comprar siempre lo que es mas cómodo para mí. A fin de cuentas, tal vez sea menester dejar esperar una entrega de lo ajeno, por lo menos dejar esperar que el otro nos sirva y nos complete nuestras dolencias, nuestras irregularidades. Admito que aunque me cueste mucho lo que suelo proponer, a paso lento, por esta vía la desilusión se me va aquietando, y es entonces que cuando las acciones de mi entorno no van en el mismo sentido que el de mis pretensiones intento asimilar que por algo busco rodearme de gente que no ofrece lo que yo ofrezco, que busca no servirme por suerte, que busca desarmarme la mayoría del tiempo. Pretendo que los demás me marquen mis miserias, pero mas aún, que me nieguen de vez en cuando lo que quiero que me den; no siempre es bueno que el mundo le sea servicial a uno, a veces, el conflicto es muy necesario para crecer.

Y es así, que, vestido con esta frágil certeza, y noche de por medio, no me queda mas que contemplar y disfrutar de todas estas lunas que me dicen ser pero que al fin… sé que no son.

Cual disco rayado

Una de las peores faltas que suelo cometer contra mí mismo es la de no poder saber cuando mi vida cae en tediosos bucles. Tal vez la única falta sea mía al percibir como la vida se dilata de esta manera tan tonta, pero no sé cómo podría explicar de otra forma esta horrible sensación que siento. Más bien, me acuerdo de esas épocas en las cuales los años se repetian pero en cambio las etapas no lo hacían. En cada período que le seguia al anterior, si bien algunas cosas seguian constantes en su inevitable desenvolvimiento, se podía percibir siempre algo diferente; a cada etapa le correspondían ciertas cualidades que definían su identidad: ciertas voces y gritos, ciertas canciones y ruidos, ciertas voces y olores que las hacían diferentes pero hasta ahí no más. La comparación más acertada que se me ocurre es la de un disco o álbum conceptual:el artista elabora y compone cada una de sus piezas musicales dándole un determinado tono, un determinado ritmo, una determinada duración, cierta lírica que desemboca a que sean inconfundibles entre sí, pero que vistas en conjunto se pueda apreciar que comparten una estructura conductora que las cohesiona y les da un sentido integral. Bueno, así es como solía ver el andar del tiempo, el andar de mi vida mejor dicho.Algo así, como si fuera tocando y escuchando a la vez cada matiz y cada forma de ese manojo de melodías, como si en la marcha las fuera haciendo a ellas y ellas me fueran haciendo a mí al mismo tiempo; pero siempre, esto sí, hacia un sentido general, hacia un destino mejor.

El problema es que ahora no percibo esa sucesión diferencial en esas espec. El tiempo parece haberse quedado tildado en una canción, en un estribillo. No creo poder explicarlo bien, pero siento como si estuviera atrapado en las mismas costumbres, en los mismos rituales, en una estructura de mierda que me gustaría romper a patadas si pudiera. No hablo de la placidez de esa rutina inofensiva que solemos padecer, muchas veces sin advertirla. A veces, creo que el ritmo rutinario es crucial para alivianar ciertas cosas en la vida. Sino que hablo sobre la impotencia de poder cambiar el dinamismo del dia a día. Y no se equivoquen y crean que intento escapar de la culpa y depositarla en una suerte de fuerza superior o algo por el estilo; a mi parecer, hace tiempo que no soy de esas personas que se quejan de las circunstancias sin hacer nada para cambiarlas, es más, cada día ejercito más mi voluntad con la intención de llegar a cambiar el tono de esta canción que se reproduce cual disco rayado.  ¿Cuanto uno tiene que alejarse de si mismo para romper con este ciclo? Si ya sacrifique comodidad por soledad, si ya sacrifique euforia y juventud por responsabilidad y compromiso, si ya sacrifique frivolidad y algarabia por comprension y amistad, si ya me reduje por toneladas de limites por la posibilidad de romper este ciclo; y sin embargo, para nada por que el tiempo, mi tiempo, parece haberse encaprichado en refugiarse en su estática. Tal vez, y lo pienso mucho, el error fue volver al lugar en el cual surgió este conflicto que me atañe. Pues, muchas veces pienso que las cosas no iban tan mal en Córdoba, que por lo menos cada dia despegaba un poco más de esta sensación de repetición e inmutabilidad, que cada día respiraba mas avance; la música parecía ser más ligera, como si nunca la hubiese escuchado. Pero las decisiones que tomé hace poco ya anularon esa posibilidad de volver por la revancha de una continuación en tierra lejana. No sé si fui muy consciente o no, pero opté por volver y hacerle frente a  Si bien, la esperanza no es una virtud (o defecto, según el caso) que abunde mucho en mí, tengo el presentimiento de que no falta mucho tiempo para poder pasar al siguiente tema. Y de a poco, se me va esclareciendo más la  certeza de que para  transgredir esta sensación, en definitiva,  va a ser necesario un cambio de esos pesados, de esos drásticos. Nada fatal, solo un volantazo para bandear este camino, que admito,  muchas veces me aburre y otras tantas me vence. Tengo claro que romper con esta forma cíclica en la cual me siento apresado no es sencillo pero por lo menos creo que algo aprendí del gran Almafuerte, y las cosas que hago puede que no sean la llave, pero tal vez sean la rendija para poder salir.