La bestia sin forma

La verdad que muchas ganas de escribir no tengo, pero algo me lleva a hacerlo. Supongo que tengo ganas de decir cosas. Pensandolo mejor, siempre quiero decir cosas, o intentar explicar lo que pasa alrededor y, de paso,  lo que me pasa a mí. La joda es que me cuesta comenzar, pero después de un rato, cuando las manos están más sueltan sucede lo mismos con las palabras terminan igual. Y entonces, a cada letra, a cada palabra, las ideas se van vislumbrando más y se nota cómo van tomando cohesión y cuerpo. Me gusta en definitiva (aunque me cueste al principio y aunque estoy cociente de que me falta muchos conocimientos sobre las normas y las herramientas en cuanto la escritura) porque  me brinda un bienestar y un entusiasmo, que no suelen darse en mi vida. Y a veces, creo que esa dificultad inicial se debe a que tengo miedo de acercarme a verdades implacables con la escritura.  Tal vez llamarles verdades sea mucho, digamos acercarme a ideas mas formadas, más concretas. Y lo que pasa es que cada vez que escribo, muchas veces sin rumbo alguno, las palabras son las únicas maneras, que hasta ahora encontré, de aliviar un poco tanta necesidad al querer corresponder las cosas que pienso con las cosas que son y que suceden; me ayudan a darle forma a todos esos monstruos que hacen lío en mi cabeza, que se amontonan y hacen destrozos y que terminan decantando en razonamientos enredados y mal-terminados. Poder entenderlos mejor para ir de a poco perdiéndole el miedo.

En realidad, quería contar un poco sobre el andar de la semana: hoy fui a buscar la nota de la ultima materia que me falta para aprobar, y si bien ya sabia que las cosas eran algo favorables, lo fueron mucho más. Promocione la materia demasiado bien, pero esta vez no sentí la satisfacción que en otras ocasiones similares pude sentir. Pero si puedo decir que me siento mas aliviado al pasar la ultima traba. Las ciencias duras siempre resultaron ser parecidos a pesadillas para mí porqué nunca supe bien como ganarle. Pero, relacionando esto con lo del principio, ahora un poco más grande uno se da cuenta que una actitud reacia y repelente hacia lo dificultoso es absurdo. Tiene mas sentido intentar amigarse con los monstruos, conocerlos bien y definirlos para poder asimilarlos mejor, y así no caer en la angustia de no saber como enfrentarlos. Sin ir más lejos, ahora se viene el verdadero baile. Se viene el momento de una decisión, de un punto de quiebre, en donde tengo que entender que en las etapas venideras tengo que estar enfocado para poder crecer como quiero.  De algún manera, esta sensación de que se vienen cosas pesadas me estimula a enfrentar lo que venga, a esperarlas con el temple de piedra. Y la verdad que ya estoy cansado de hacer las cosas siempre a medias; a veces, es bueno cansarse. Ya mismo, debería empezar a poner todo en orden, pero seguro que haga todo el tramiteo después del viaje, porque todo el sistema académico va a estar no tan saturado. Ah, sí. Nos vamos con los muchachos. Bastante destacable esto, porque la verdad que nunca nos ponemos de acuerdo en un carajo. Y presiento que  va a estar bueno irme con ellos. Hay un par de temitas a resolver pero calculo que no van a dar marcha atrás a esta altura.  Y para terminar, hoy vi a una persona que hace tiempo no veía y francamente esperaba ver más. Un juego (sospecho que el mundo, a veces aburrido, se personaliza en estos tipos de bromas perversas y inevitables) de causalidades y casualidades la materializo a veinte metros mío, cruzando una calle, justo cuando estoy intentado despegar de los mismos ciclos de siempre. No sé si debería darle forma e incluirla con estas palabras, no se si darle una importancia. Pero ese es el problema. A pesar, de que siempre creí que si la volvía a ver me sentiría fatal, no pasó eso. Y no puedo evadir la confusión que esto me genera porque no estoy seguro de que me importe todavía, no estoy seguro de querer una inútil revancha o de volver a ajustar las cosas que nunca dijimos (aunque es cierto que esa posibilidad sea nula); no se si querría intentarlo aunque pudiese. Lo que quiero decir, es que si gran parte de mi angustia, del ultimo año, estaba envuelta en sus memorias y en realidades que nunca nacieron con ella, que nombre le pongo ahora a esa angustia anonima, si ella no resulta ser la actual causante. Y hablo de esa angustia, que suele ser primero amarga y agria, pero a medida que el tiempo la destila va soltando esa melancolía dulce, que muchas veces cometo el error de confundir con una alegría espontánea. ¿A quien tendría que culpar ahora? Si ya estoy curado, porqué esa sensación me carcome aún. Tal vez, nunca fue ella en realidad la responsable. Y sí, eso es claro. Siendo justo, no tuvo la culpa de que no la haya entendido.  Los dos queríamos jugar, pero a juegos diferentes quizás. La culpa es de uno cuando no enamora, decía Benedetti. Y tiene razón, mucha razón. No supe jugar las cartas en el momento que tenia que jugarlas e ir con todo. Que sé yo. Todo esto muy raro resulta, y aunque siga escribiendo toda la noche no creo poder encontrar la forma al asunto. Hubiera sido un alivio seguir responsabilizándola de ese vacío que me bordea, en alguna que otra noche. Pero, por lo menos, ahora entiendo, que aunque más nombres le quiera poner, aunque más caras quiera ponerle, siempre va  a estar ahí, cada vez mas cerca de uno, el único monstruo al que todavía no me puedo amigar, esa bestia a la que no le puedo dar forma.

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Cuando el mundo baila

Lo bueno, o lo mas destacable, en estos ultimos meses, es que me siento un mejor observador. Y no por una capacidad extraordinaria que se mantenía oculta, sino que últimamente tengo un poco mas de tiempo, un poco mas de oportunidad de apreciar como el entorno se envuelve y desenvuelve sobre si mismo. Y cuando hablo de entorno, hablo de personas por supuesto. Si uno se pone a pensar, hay cierta diversión en el misterio que rodea a la gente que uno no conoce, pero sin embargo forma parte del día de uno. No se si me explico. Me gusta ver cuando el mundo baila, y soy ignorante de ese baile y sus razones. Me refiero a ese sabor indescriptible de no poder definir No comprender, por merito propio, contenido con los que cargan esos enigmas caminantes, que suele pasar y repetirse cada noche, frente a la vidriera. Y esto es por merito propio, porque así, lo creo mejor. Creo que me terminaría aburriendo muy rápido, si me dispongo a franquear y romper con los limites que disponen mi etiqueta de vecino-comerciante. Capaz estoy diciendo alguna tontería. Cuando conoces a alguien de una manera mas intensa, o cuando uno cree que conoce mas a alguien, se pierde en gran medida el interés porque uno comprende mejor porque decide hacer lo que hace, los estímulos que potencian su inercia rutinaria. La certidumbre y la seguridad termina chanchando la curiosidad, y eso es lo que me pasa. Me gusta jugar con no saber las razones que mueven a la gente. Y que no se compare mi curiosidad con alguna clase de chusmerio, ni con alguna clase de perversion de pelicula de susepnso. Son formas mias de acercarme a la gente. Es como completar, o agregarle el contexto y la historia a alguna fotografía. Es lo mismo. Las personas, cada día, deciden que fotos mostrarle a los demás. Por ejemplo, casi todos los días, viene un viejito simpático que vive a media cuadra. Lo considero, por de mas, mi mejor cliente, y no por que sea un gran comprador, sino porque, si bien las personas en general, dentro de lo que les permite un día de preocupaciones y obligaciones, tienen un trato bueno hacia mi, este vecino me trata con una calidez y amabilidad, que, al principio, sospechaba fingida. Pero no, porque este tipo trata a todos de la misma manera, ya sea vecinos, familia, demás comerciantes. Es intransigente en su carácter, en su forma de mostrase a los otros. Y del otro lado, se cumple una extraña relación simétrica. Personas indeseables, aparentemente, con todo su alrededor, ya sea yo, el vecino, el perro de la parada, los nenes de la plaza. Toscos en su manera de acceder a los demás. Pero las acciones no importan, lo que interesa es porque cada quién decide mostrarse así. Compartir esas imágenes fugaces, esas instantáneas con los demás y no otras. El chino dice que soy un boludo, al gastar tiempo, procurando meterme en la cabeza de los demás. Y seguro sea así. Porque mientras mas lo pienso, mas absurdo es mi intención. Conocer la fuente que justifica cada acción, pero no conocerla del todo. ¿Que mas puedo hacer cuando la gente se repite, desaparece y aparece. Como dice Charly, cada uno tiene un trip en el bocho, y tal vez ese trip mio sea el de querer ser los demás sin ser ninguno de ellos. Algo así era el concepto de empatía, no. No, no es eso. -Mi inconformidad con la realidad es bastante, pero al fin, de a poco la aprendí a querer (otra de Charly). Todo esto, el ir y venir perpetuo de la gente, su pose, su andar, no es mas que un baile en conjunto. Un baile que varia, crece en velocidad y decrece nuevamente, se altera con los pasos de cada bailarín que la ejecuta con sincronía o sin ella. Todo es tan absurdo, carece de fundamento, que sola la fuerza residual del ayer nos mueve para seguir bailando. Y esta es la parte mas triste. La música es linda y engancha, pero siempre la eligen por nosotros. Así que, de vez en cuando, no esta mal cortar un poco con tanta coreografía alienada y apartarse un poco de la especie (una de Cerati). A veces, es mejor ver las cosas de lejos, en pausa y sentado con una cerveza fría en la mano si se puede. Y preguntarse cosas sin desembocadura fija, como por que los demás bailan, por que quieren seguir en el baile, por que me siguen invitando a mí.  Pero no seas un nabo y descansa, porque en cualquier momento te vas que levantar, darle a tus piernas las razones que elijas para que se muevan de nuevo, y meterte de cabeza o a gachas en la masa bailante de nuestra amada sociedad y su compás insípido.