Uno de hospitales

La cosa, empieza así (o creo recordar que así empieza).  Estábamos caminando con Lautaro,  por un hospital, más bien una clínica. De esas típicas, como las que aparecen en esos videos de temas paranormales y de apariciones, en los que los boludos no tienen mejor idea que meterse con una cámara de calidad pésima y además, y esto es lo mas importante, siempre de noche. Como si mi mente, en su vagancia, hiciera un copiar y pegar y sacara ese esa escenografía polvorienta y olvidada de alguna peli de terror, cuyo recuerdo debe estar pululando en alguna memoria. Recuerdo que el interior del lugar todo estaba ennegrecido y en penumbras, con un silencio que incitaba al pánico, y las rellena de objetos, habituales en hospitales, pero derruidos en potencia por el tiempo y la suciedad. El lugar parecía ser una carcasa resquebrajada y anodina de lo que pudo haber sido un edificio cargado de vivencias rutinarias y agitación. Como todos saben, la memoria de un sueño suele desvanecerse tan rápido que seguramente no estoy siendo muy correcto con la descripción del lugar, pero va a alcanzar para hacerse una idea los pocos detalles que rescato. Bueno, estaba con Lauta, y por alguna razón que desconocia, ni buscaba comprender,  recorriamos los pasillos de las plantas altas del lugar. Lo molesto es que no se si empezó ahí el sueño, o si el comienzo fue carcomido por el olvido, Es inevitable compararlo, aunque del cine y su tecnica no se nada, con esas partes en las películas, donde se salta, casi sin transición alguna, de una escena a otra. Empezó como un despertar súbito, de la nada ya existíamos ahí mismo,  sin importar secuencias pasadas ni circunstancias. Por si alguien llega a leer este intento de relato, disculpen por la reiteradas interrupciones de los comentarios que no suman demasiado al hilo narrativo. Bueno, para no entorpecer mas el relato,  parecían ser los pisos altos donde caminábamos. Altos, supongo,  porque podíamos ver, a través de los boquetes donde solían yacer las ventanas, como el sol se recostaba sobre absurdos e inmensos álamos.  Y  mientras más percibíamos que el sol se hundía  sobre una arboleda imposible, mas sentíamos que la penumbra del lugar nos envolvía. Pero antes de seguir con los demás hechos, o recuerdos, tengo que advertir que en ningún momento sentí ese aire pesado y ansioso que trae la pesadilla. Al contrario, era un sueño muy liviano, como estar en un recuerdo simple y rutinario de la infancia. Digo, si bien todo parecía indicar que todo se podía ir al carajo en cualquier momento, no habitaba en la atmósfera la sensación de alarma y peligro que conlleva a un mal sueño.  Siguiendo con el relato, en un momento me senté sobre un montoncito de escombros , al pie de una ventana que daba hacia el techo de la entrada principal de ambulancias. Lauta boludeaba alrededor del cuarto mientras yo me disponía a prender un cigarrillo. Chick..chick…chick…Y el cigarro no ardía. Lo curioso es que todo parecía tan estático, que  cualquier posibilidad de viento que dificultase la llama del encendedor, no se pudo haber dado. Tras varios intentos y fastidiado por el asunto del fuego de fantasía, lo miré a Lauta y, al mirarme, supe decirle estos fantasmas de mierda… Y él, sin mencionar palabra ni quebrar mueca, mirándome como se los mira a los nenes cuando dicen alguna pavada: inexpresivo, lejano. ¿Curioso, no? Una elipsis de escena, y luego estaba sentado sobre el vertiginoso techo de la entrada general, y él,como a unos veinte metros de mí,  practicaba esos movimientos de handball que suele hacer normalmente cuando se aburre. En ese momento se podía notar que el hospital derruido estaba cercado por lo que parecía ser un  infinito campo de álamos. Cosa que me pareció siniestra y a la vez absurda (después de despertar, claro). Lo que me inquietaba no era la presencia de ese campo inconmensurable de arboles gigantes, sino la idea inconcebible que existiera esa ruina grisácea y horrenda a mitad de ese abismo vegetal. Para hacerlo mas bizarro al asunto,  adquirí la perspectiva de Lauta de manera repentina. Como si me estuviera viendo en la lejanía, abstraído,  como me encontraba sentado sobre el filo del techo con el cigarro rebelde en la mano, solo que de alguna forma no era yo el que me observaba a mi mismo, sino Lauta. No se puede esperar menos de un sueño, no. De repente, me veía (siendo Lauta) que me paro sobre el borde del techo , mientras miraba hacia los restos de atardecer que se filtraba por algunas ramas. El silencio crudo y la imperturbabilidad insoportable que destilaba la situación, me hubiera hecho gritar de ansias y pánico en otra situación, pero ahí no. De alguna manera, me sentía bien. Entonces, dando un paso en el aire, veo como me dejo caer hacia una presunta caída fatal. Continua fondo negro, y vuelvo a ser yo, sentado sobre el borde y  con el cigarro rebelde en la mano, mirando un sol que ya no esta, y sintiendo el agite de Lautaro que venia a socorrerme. Cuando se para al lado mio, alzo la cabeza y logro notar que la falsa ilusión de mi caída, no le había incitado ni el mas mínimo gesto de preocupación o alarma. La misma cara de inexpresividad y quietud de antes. Y como si las palabras fueran independientes de mi hablar, alcance a decirle una vez mas, estos fantasmas de mierda…

Todo esto se lo conté, no hace mucho, a un par de amigos y también  a Lauta. Un poco se cagaron de risa, otro poco lo relacionaron con conceptos freudianos e inseguridades del sexo, y otro poco lo atribuyeron a la teoría de que me fume media Jamaica. No me enoje, primero porque para eso son amigos, para despojar de seriedad cualquier intento de razón. Y segundo, porque, en si mismo,  tiene bastante de absurdo y de tonto lo ocurrido en el sueño. Lo interesante, es que ese día me levante como muy pocas veces recuerdo haberme levantado. Animado y con la mente placida, fresca. Además, otra cosa a destacar, es que en el sueño, si bien me quejo de supuestos fantasmas, jamas el sueño se presto para terminar en pesadilla o en alguna sesión nocturna de esas que te despiertan con un grito ahogado. No se le puede dar muchas vueltas no. Solo es un sueño, y en esos terrenos solo predominan las leyes y las formas de lo ridículo y de lo irreal. Seria tonto pretender respuestas o sentido. Es loco pensar que el inconsciente, cuando al dormirnos y no le damos bola, se pone a hacer estas cosas. Estos licuados de recuerdos, miedos, deseos y sensaciones. La cagada es que ese cóctel casi nunca tiene el sabor que queremos.

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